miércoles, 13 de junio de 2012

My dream life


Los libros de texto de inglés son, sencillamente, sublimes. Todo resulta tan absurdamente cómico que se le pierde el respeto al idioma. Y el poco que queda huye volando cuando suena la música de los ‘listenings’. Pero también es curioso lo que te pueden hacer pensar. El esfuerzo empleado para pensar temas (de los que hablar, de los que escribir, de los que traducir…) a veces da sus frutos y te encuentras ante unas palabras que, para qué negarlo, merecen la pena.
Es lo que me ha ocurrido esta tarde. Un texto de inglés titulado ‘My dream life’ (sí, soy poco original; y no estoy lo suficientemente activo como para pensar un título distinto) contenía frases como éstas: “Now and again I have bad dreams, but not enough of them to make me lose my delight in dreaming”, “I like the idea of going to bed and lying still; and then, as soon as I doze off, by some queer magic, I wander into another kind of existence”.
El texto me ha encantado porque me apasiona soñar. Además, tengo la suerte de acordarme de muchos de mis sueños. Vale, es cierto que a veces resultan un poco perturbadores y despertarse sudando y asustado en mitad de la noche no es plato de buen gusto. Pero ¿qué me dices de la sabiduría que está escondida detrás de los sueños? Al fin y al cabo, son una creación de nuestro subconsciente y ¿quién nos conoce mejor que nosotros mismos? ¿Quién te puede aportar más conocimientos que tu propio ‘yo’, una vez te has quitado la venda de los ojos?
Estoy firmemente convencido de que los sueños son llamadas de atención, avisos que nos gritamos a nosotros mismos cuando hemos bajado la guardia lo suficiente para escucharlos y escucharnos. Al menos, es lo que he creído toda mi vida y estoy orgulloso de decir que he tomado muchas decisiones, y hasta he redirigido el rumbo de mi vida en alguna ocasión, gracias a estas advertencias que me he dado a mí mismo.
Ahora estoy de exámenes y necesito sabiduría. Me voy a dormir.

martes, 12 de junio de 2012

Presentación


Sí, ya sé que debería haberme presentado antes. Voy por la entrada número 24 y sólo sabes de mí lo poco que he dejado intuir entre historietas y críticas literarias (a no ser que ya me conozcas, lo cual no deja de ser bastante posible). El caso es que estoy preparando un examen oral de alemán y, como tengo la suerte y la desgracia de estar en un nivel vergonzosamente básico, seguramente me tocará hacer una pequeña presentación de mí mismo.
Y sí, hacer el esfuerzo de pensar en qué voy a decir de mí (en alemán) resulta bastante agotador. Lo bueno es que por lo menos me sirve para actualizar. Allá vamos.

Me llamo Francisco, Fran para los amigos (en alemán esta estructura tiene el equilibrio perfecto entre dificultad y longitud). Nací en Salamanca y todavía vivo aquí. Estudio 1º de Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca y me gustaría trabajar como traductor de inglés y de alemán, aunque también hablo francés, italiano y catalán. Apenas tengo tiempo libre, pero, cuando puedo, me gusta escribir, ir a la piscina, salir con mis amigos y, sobre todo, leer.

Vale, no es gran cosa. Pero con que me sirva para aprobar me conformo.
Ah, por cierto, encantado de conocerte.

jueves, 7 de junio de 2012

Los juegos del hambre, la película


Hace ya bastante que no hablo de Los juegos del hambre. Tiene cierto mérito, porque estoy muy enganchado a la historia y no veo la hora de leer el tercer y último libro. Pero ya ha pasado suficiente tiempo, tengo autorización moral para hacerlo. Ahora toca la peli.
Siempre es difícil hacer una adaptación cinematográfica de un libro. Las imágenes que se forman en la cabeza de cada lector son únicas, y es una utopía pensar que un director de cine pueda plasmarlas exactamente cómo tú las habías visualizado. Por no hablar del tiempo: normalmente se tienen que ajustar a unos márgenes de pocas horas. Muy por debajo de los de un libro, en teoría inexistentes.

Tal vez por eso la práctica totalidad de las adaptaciones son peores que el original. Algunas se salvan y constituyen buenas películas en sí mismas, sin necesidad de haber leído el libro (como El niño del pijama a rayas); otras consiguen una fama mayor (La piel que habito) y otras podrían llegar a rivalizar con la obra escrita (El señor de los anillos).


Los juegos del hambre podría estar en las tres categorías o en ninguna. A ver si me explico. No está a la altura del libro, ni mucho menos. No engancha de la misma forma, no es tan rico en detalles y no es tan fiel como debería. Tampoco se puede decir que se haya hecho mucho más famosa que el primer volumen de la trilogía (aunque ha estado cerca de conseguirlo); ni acaba de ser una buena película en sí misma porque, si no has leído antes el libro, puedes perderte algunas cosas.

Y, sin embargo, tampoco se pueden decir demasiadas cosas negativas del film. Vale que no es tan famosa, pero muchos hemos descubierto la saga gracias a la versión cinematográfica (yo el primero). Vale que no consigue plasmar todo lo que describe la autora, pero es sorprendentemente minuciosa y ha conseguido imágenes espectaculares en cada escena. Y, por último, vale que no esté a la altura del libro, pero es al ver la película cuando percibes la magnitud de lo que estás leyendo, se te encoge el corazón y piensas (por enésima vez) ‘menos mal que esto no pasará nunca en la vida real’.

En fin, película más que aceptable y dos horas y media muy bien invertidas. Pero, por favor, lee primero el libro. 

martes, 5 de junio de 2012

Jornadas de junio


Ya comenté el otro día que estamos en muy mala época. Exacto: exámenes (cómo molan las aliteraciones, podría empezar a usarlas más a menudo).
Aunque ésa no es la cuestión. Ayer ya me examiné de español (no me deja de resultar irónico, pero es lo que toca) y hoy ha sido el turno de alemán. Si mi cabeza no explota en el intento, estaré muy orgulloso de haber sobrevivido a once exámenes en dos semanas, y encima en cuatro idiomas distintos. Aclaración: los exámenes los hago en un solo idioma, es que estudio cuatro lenguas diferentes, y me tienen que evaluar de todas ellas.
Espero no repetirme demasiado, pero el caso es que ahora sólo me preocupan dos cosas. Por una parte, hacer un papel lo mejor posible como estudiante modelo que se supone que soy (digo ‘se supone’ porque probablemente sólo lo piense yo). Por otra, sacar el lado positivo de todo. Disfrutar de los rayos de sol inundando la sala de estudio, del viento colándose por la ventana abierta, de los folios revoloteando en el aire (esto no es necesariamente bueno, pero es muy divertido) y, sobre todo, de la tranquilidad de las noches de junio.
Ir a la biblioteca hasta las doce es la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. Es suficiente tiempo para poder hacer algo productivo y no demasiado para acabar agotado. Además, son horas que, de cualquier otra forma, habrían sido malgastadas irremediablemente. Pero, por encima de todo, al salir a medianoche la temperatura es perfecta, la tranquilidad es absoluta y la brisa nocturna, fresca y vigorizadora, se lleva consigo todos los conocimientos adquiridos. ¿Qué más se puede pedir?

sábado, 2 de junio de 2012

Blood from a Stone, parte I (no es que sean dos libros, ya lo entenderás)


Cualquier estudiante universitario que se precie debería adorar esas bonitas semanas de junio que reciben el fatídico nombre de ‘periodo de exámenes’. Es todo tan maravilloso… El calor humano de los compañeros de fatiga, la fría luz azulada de las bibliotecas, la cantidad de conocimientos que se adquieren después de las largas jornadas de estudio… A se le suma el calor asfixiante de principios de verano, el ritmo de vida irregular, la pasta que se va en fotocopias y los nervios. ¿Qué más se puede pedir?
Pero los exámenes también tienen su parte negativa. Yo llevo ya unos días sin actualizar y, en general, me queda poco tiempo para cualquier otra cosa. Por ejemplo, el martes tengo que devolver los libros a la biblioteca y ni siquiera me ha dado tiempo de empezar uno de ellos. ¿Solución? Leer al menos las primeras páginas para ver si merece la pena ampliar el plazo.
De modo que he cogido Blood from a Stone, de Donna Leon, (en el inglés original, que para algo tengo el examen de la lengua de Shakespeare la semana que viene) y he leído el principio. No sólo tiene muy buena pinta, sino que el vocabulario es perfectamente comprensible para mí (lo cual es bueno, si tenemos en cuenta que tal vez me acabe dedicando a esto) y está en la línea de novela policiaca que tanto me gusta.
Por lo pronto, aquí te dejo un párrafo de una de las primeras páginas. Así no desvelo gran cosa. Espero que te guste.

“Last-minute buyers, their number reducer by the cold, requested products they all suspected could be found at better prices and of more reliable quality at local shops that were open even on this Sunday, and how better to assert one’s independence and character than by buying something unnecessary?”   

Conclusión: próxima parada: Venecia. Cuando termine el libro, le dedicaré una nueva entrada en condiciones.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Testimonio de "Pildorillas", traductor con derecho a litio

Una semana larga después, ya tocaba volver a actualizar. Pero el caso es que hace pocos días tuve que entregar un trabajo (para Lengua Española II) en el que hablara de Diez motivos para estudiar traducción o "algo parecido" (palabras del profesor) y me viene bastante bien como entrada.
Resulta que mi situación es bastante curiosa y he podido hacer gran parte del trabajo basándome únicamente en mi experiencia personal. De hecho, me planteé publicar el testimonio completo... hasta que me di cuenta de que era aburrido hasta para mí. Por ello, me voy a limitar a un párrafo especialmente interesante. Espero que te guste.

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Al mirar atrás, me doy cuenta de que hay cosas que es mejor no pensar. Simplemente hay que hacerlas. Me ha pasado muchas veces y no me arrepiento de ninguna de ellas. Lo de meterme en esta segunda carrera fue un acto casi impulsivo e inconsciente, por lo poco que lo pensé. No le di vueltas en ningún momento. No hubo ningún tipo de reflexión al respecto. 
Y aquí estoy. Después de un cuatrimestre y medio (ya va camino de dos) he podido dar una respuesta adecuada a la pregunta ‘¿Por qué estudiar traducción?’. Simplemente, sabía que tenía que hacerlo.

martes, 22 de mayo de 2012

No queda sino batirnos


El capitán Alatriste es una de las grandes creaciones de la literatura reciente. El desarrollo de las historias, la intensidad de los personajes y el contexto en el que tiene lugar toda la acción son simplemente sublimes. Especialmente excepcional es mi tocayo Quevedo: uno de los mejores escritores del Siglo de Oro y un personaje carismático donde los haya, tiene como bandera precisamente esa frase: ‘No queda sino batirnos’.
Pero ya hablé de la saga hace poco, en la lista de los mejores libros que he leído este año. Ahora toca hablar del hombre detrás de la historia: Arturo Pérez-Reverte. Reverte para los amigos.
Soberbio escritor y mejor periodista, se caracteriza por su tono irónico y por decir las cosas sin tapujos, a veces de una forma tal vez poco diplomática. Le perdono porque le considero un genio y porque de momento me libro de pertenecer a alguno de los grupos que él cataloga de ignorantes.
En fin. Todos los domingos nos regala un artículo en su columna ‘Patente de corso’ y cada poco nos ofrece parte de su ingenio a través de su cuenta de Twitter. Precisamente fue uno de sus tuits, escrito hace unas semanas, lo que desencadenó la última polémica. Al opinar sobre la película Grupo 7 (que yo no voy a juzgar, básicamente porque no la he visto), dijo que una de los aspectos a destacar era que se veía otra cara de la auténtica Sevilla. “esa otra Sevilla real, turbia, de putas, yonkis, marginación y gentuza que nunca sale en el Hola” (palabras textuales de su artículo ‘Bruto es un hombre honrado’). Sus palabras fueron malinterpretadas hasta el punto de que se llegó a ver por la red el titular “Pérez-Reverte: «La Sevilla real son putas, yonkis y gentuza»”. Obviamente, fue cuestión de tiempo que media Andalucía se indignara y exigiera que se retiraran sus libros de las librerías y que se le prohibiera volver a entrar en la capital hispalense.
Todo es muy surrealista. Primero, porque Reverte no faltó al respeto en ningún momento. Segundo, porque hace poco le concedieron el Premio del Turismo “por difundir positivamente la imagen de Sevilla en el mundo”. Y tercero, porque la ciudad andaluza es el escenario de algunas de sus novelas, incluyendo El oro del rey, una de las mejores de la saga de El Capitán Alatriste.
Bueno, no estoy aquí para defender a Reverte. Ya lo hace él solito, sin ayuda de nadie y mejor que cualquiera. Sólo quería mostrarle parte de mi apoyo. Y si los sevillanos quieren a un escritor con el que indignarse, les presto a mi amado/odiado Dan Brown. Espero que leer La fortaleza digital no provoque demasiadas úlceras.