martes, 5 de mayo de 2015

AETI: Asociación de Estudiantes de Traducción e Interpretación



Hay una serie de cantinelas que nos repiten a lo largo de la carrera y que, irremediablemente, todo buen estudiante de traducción acaba interiorizando: que hay que saber de todo, que tenemos que leer a todas horas, que no por ser nativos vamos a tener un dominio perfecto del ­­___ (introducir lengua materna de cada uno) y que, por tanto, tenemos que cuidarlo…

Otra de las máximas que no debemos olvidar es que los traductores tenemos que estar lo más unidos posible. Sí, yo ya me cuento como traductor. Con ese fin se han creado numerosas asociaciones y colectivos y es recomendable afiliarse a uno de ellos. Sin embargo, no hay por qué esperar a tener el título en nuestro poder, sino que podemos formar parte de asociaciones de estudiantes como la AETI.

La AETI es la Asociación de Estudiantes de Traducción e Interpretación (o Asociación Universitaria de Traductores e Intérpretes en Formación, como reza la página web). Como su propio nombre indica, se trata de una asociación que intenta unir a estudiantes de esta carrera de todas las universidades de España, con el objetivo de crear un punto de encuentro, lazos más fuertes entre nosotros y, por qué no, amistades y futuros contactos.

Además, ser socio de la AETI conlleva otras ventajas: por ejemplo, la obtención de descuentos en determinados cursos y empresas o la posibilidad de realizar prácticas de traducción.

Cualquier estudiante de traducción puede ser socio de la AETI, basta con cumplimentar los datos en la pestaña correspondiente y enviar un justificante de pago de los 10 €, prácticamente simbólicos, que constituyen la tasa de inscripción.

Y… ¿por qué me he puesto ahora a hablar de esto?, dirás. Bueno, probablemente hayas llegado a la conclusión de que soy socio y de que por eso quiero darle un poco de bombo. Pues has acertado. Y no sólo eso, también soy vocal de mi facultad (no había nadie cuando me apunté, así que el mérito que entraña desempeñar este cargo es relativo) y miembro lo suficientemente activo como para participar en el ENETI (Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación).

De hecho, en poco más de 24 horas tomaré un tren destino Alicante, donde tendrá lugar tan gran evento. Y, has vuelto a acertar, cuando vuelva escribiré una bonita entrada para hablar de todo lo que hemos hecho.

viernes, 1 de mayo de 2015

Agua del limonero, de Mamen Sánchez



Después de La felicidad es un té contigo, me apetecía profundizar un poco más en la obra de Mamen Sánchez y decidí que Agua del limonero era una opción tan buena como cualquier otra. Es cierto que elegí la peor semana del año para leerlo, pero eso no me impidió disfrutar del argumento y de la prosa clara y evocativa de esta autora.

Disfruté sobre todo por dos motivos: el primero, que había numerosas similitudes con La felicidad es un té contigo. No sé hasta qué punto era ésta la intención de Mamen Sánchez, pero no deja de ser un punto extra para una lectura cualquiera y casi incluso un pasatiempo. Por ejemplo, una de las protagonistas es una mujer periodista, hay relaciones sentimentales turbulentas a lo largo de la obra y hasta se menciona aquí también la “famosa” Calle del Alamillo. El segundo es que, por alguna razón, me identificaba mucho con varios de los personajes, ya fuera por su personalidad o por su trayectoria vital. Además, parte de la acción transcurre en una ciudad por la que siento un cierto apego, y que no voy a mencionar para no destripar un episodio de la historia.

Tengo que decir que, a pesar de las similitudes que ya he comentado, el estilo distinto con que Mamen Sánchez aborda este libro es sorprendente. Lejos de la trama desenfadada y del delicioso humor de La felicidad es un té contigo, aquí encontramos frases románticas, poéticas y dramáticas, que describen la acción con gran intensidad y que permiten al lector sumergirse un poco más en cada una de las ciudades en las que transcurren las vidas de los personajes. Además, las definiciones son geniales por su precisión y tan evocadoras que a veces incluso se llega a percibir el olor dulce y ácido del Agua del limonero

La verdad es que tengo la impresión de que en esta entrada me he limitado a hacer una comparación, y ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Supongo que era inevitable cuando el recuerdo está tan fresco, pero tampoco quiero que te hagas una idea equivocada: Agua del limonero es una gran novela, llena de sorprendentes giros y, como ya he dicho, excelentes descripciones, con la que disfrutarás si te animas a leerlo independientemente de si has leído previamente La felicidad es un té contigo. Yo te lo recomiendo, y prometo que, cuando lea otro libro de Mamen Sánchez (que lo haré) y publique la entrada correspondiente, evitaré las comparaciones.

viernes, 24 de abril de 2015

El día después del Día del Libro



24 de abril. Con permiso de los cumpleañeros y personas que celebren festividades y aniversarios varios (cómo mola la aliteración, por cierto. Y felicidades a los susodichos, ya que estamos), creo que lo más destacable de esta fecha es que es el ‘día después del Día del Libro’ (aunque aquí la repetición de 'día' no mola tanto... ¡Ojalá tuviéramos en español una palabra como el lendemain francés!)

No, no es la primera entrada que dedico a tan insigne ocasión. Sin embargo, esta vez he dejado que pasen 24 horas (nueva repetición, esta vez de un número… ¡Estoy que me salgo!) para poder reflexionar y aportar en esta entrada algo más que una simple felicitación.

Resulta que en los tiempos que corren, con acceso ilimitado a internet y un ritmo de vida frenético, ya no leemos. También ocurre que los jóvenes han perdido todo el interés en la literatura, el arte y la cultura, y sólo muestran una moderada pasión por las redes sociales y ese apéndice de su cuerpo en que se ha convertido el móvil de turno. Por último, se dice que la irrupción del ebook pone en peligro la pervivencia del formato tradicional y que los libros pronto pasarán a ser parte del pasado.

Pues bien, la impresión que tuve ayer, tras una hora larga paseando entre los puestos de las librerías, no se corresponde precisamente con ninguna de esas tres afirmaciones. Para empezar, la plaza estaba a rebosar de ávidos lectores, ansiosos por adquirir algún ejemplar a un precio un 10 % más económico. Y no había únicamente personas mayores, tal vez poco familiarizadas con la tecnología y, por tanto, el libro electrónico, sino que también muchos niños y adolescentes ojeaban las páginas, leían los títulos o acariciaban los lomos de los libros elegidos.

No sé hasta qué punto la muestra de ayer es representativa de toda la sociedad, pero puedo decir que el agobio, los empujones, los pisotones y los codazos no fueron ayer motivo de enfado, sino de alegría. Eso, unido a los cuatro libros que me llevé para casa, volvieron a pintar en mi cara esa sonrisa de la que ya hablé hace dos años (es la misma entrada, pero no he podido evitar volver a pegar el enlace).

Tengo que reconocer que me resultó un poco complicado hacer una selección de títulos. Fui con la idea fija de evitar best sellers (no porque esté en contra, simplemente porque muchas veces me siento culpable si compro un libro en un puesto y luego lo veo en otro) y libros que, con mayor o menos probabilidad, no voy a leer. Además, resulta difícil elegir sin leer la sinopsis, algo a lo que me opongo categóricamente. De momento, por suerte, sigo satisfecho con mis compras y estoy casi seguro de que me los leeré todos en un futuro próximo y disfrutaré con ellos. Ya te contaré.