Mostrando entradas con la etiqueta dilemas lingüísticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dilemas lingüísticos. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de mayo de 2017

¿Qué hago yo con esto?



Hoy me ha ocurrido una cosa muy curiosa haciendo la revisión de una traducción y, por algún motivo, me he visto en la necesidad de compartirlo. En el texto original (en alemán) del encargo en cuestión aparecía la palabra Handballen y la opción propuesta por el traductor fue pulpejo (no recuerdo la frase entera, pero lo que decía era que había que usar el pulpejo para pegar una etiqueta en su sitio).

De momento, todo en orden. Si hay que usar el pulpejo para pegar una etiqueta y así evitar que aparezca suciedad en la superficie de pegado, se usa en lugar de la punta de los dedos. Además, la traducción es perfectamente correcta y no había faltas ortográficas ni gramaticales.

Entonces, ¿por qué le dedico una entrada entera a la traducción correcta de una frase no especialmente difícil? Porque, hasta esta misma mañana, no sabía lo que era el pulpejo. Y, como puede ser que tú tampoco lo sepas, te dejo aquí la definición del diccionario de laRAE


Pulpejo: parte carnosa y mollar de un miembro pequeño del cuerpo humano y, más comúnmente, parte de la palma de la mano de la que sale el dedo pulgar.

Ahora, en una traducción hay que tener muchas cosas en cuenta y, a veces, después de asegurar la corrección gramatical, ortográfica y terminológica, hay que plantearse la función del texto con el que estamos trabajando. En este caso (unas instrucciones) era importante que el lector entendiera el mensaje y, en mi opinión, pulpejo no es una palabra de dominio público, o no lo suficiente como para al menos, no plantearse otras opciones.

Después de unos minutos de reflexión y de comentarlo con una compañera de trabajo y de profesión, opté por cambiarlo ligeramente y evitar el término de marras. Eso sí, sin repercusiones en la evaluación del traductor, que al fin y al cabo había hecho su trabajo de forma perfectamente aceptable.

viernes, 24 de febrero de 2017

El suspense de los puntos suspensivos



Vale, el título no tiene nada de gracia, pero es que hay una duda relativa a los puntos suspensivos que no tenía del todo clara y, ahora que por fin la he resuelto, quiero compartirlo por aquí. No solo para ayudar a quien tenga a bien meterse en mi blog, sino también porque así no se me olvidará.

Resulta que no tenía del todo claro cuándo se ponía mayúscula después de los puntos suspensivos. Sabía que si los puntos se utilizaban tras una enumeración, iban seguidos por minúscula y que, si ponían fin a la frase, a continuación se usaba la mayúscula. Mi duda era la siguiente: ¿qué hacer cuando los puntos suspensivos no se usan tras una enumeración pero tampoco para poner fin a una frase? Pues bien, la respuesta es bastante obvia: van seguidos de minúscula. Digo obvia porque, si la frase continúa, no hay ningún motivo para recurrir a la mayúscula (aunque yo antes no lo tuviera tan claro).

Y es que son muchos los posibles usos de los puntos suspensivos, por lo que en realidad hay que tener cuidado. Además de ponerse al fin a una enumeración incompleta (lo de «incompleta» es importante), pueden utilizarse para marcar pausas, vacilaciones o para dejar el enunciado en suspenso (¿tal vez de ahí viene el nombre?). Otros usos son la sustitución de palabras o expresiones malsonantes, de la segunda parte del título de una obra o de la continuación de un poema, entre muchos ejemplos. Y, si van entre corchetes, indican que se ha suprimido un fragmento o una palabra de una cita.

Ya que estamos, aprovecho para poner un par de consejos más que aparecen en una entrada de la Fundéu dedicada a este signo de puntuación: los puntos suspensivos se pueden combinar con otros signos de puntuación (que, importante, siempre irán después) y siempre van pegados a la palabra anterior. Además, como la Fundéu y la RAE dejan absolutamente claro, los puntos suspensivos son solamente tres, independientemente de las miles de cosas a las que pueden sustituir y de que antiguamente sí estuviera permitido poner más. Solo hay una pequeña excepción: cuando los puntos suspensivos van detrás de una abreviatura que requiere punto, ambos se mantienen y la combinación da lugar a… ¡cuatro puntos «suspensivos»!

Aquí te dejo el enlace de la Fundéu, que aporta algunos ejemplos, y el de la RAE, donde está la lista completa de casos en los que se pueden usar los puntos suspensivos.

 ¡Ah! Un consejo más antes de poner fin a la entrada: el atajo de teclado es Ctrl+Alt+. en PC y Alt+. en Apple. Y una curiosidad: los puntos suspensivos cuentan como un solo carácter, aunque sean tres.

martes, 24 de enero de 2017

El dilema lingüístico de la semana: preferente y preferible



La idea del dilema lingüístico no está mal, y me da pena no haber mantenido el ritmo de una entrada semanal relativa a mis diversas dudas relacionadas con el español. Sin embargo, ya mencioné en su día que dedicaría una entrada al tándem preferente-preferible, que tantos problemas me ha dado en alguna ocasión, y aquí está.

Lo cierto es que la diferencia es relativamente pequeña y hay casos en los que ambos son intercambiables. Sin embargo, sí que conviene conocer el matiz que hace que sean diferentes, para saber cuándo debemos usar uno y cuándo otro. Y aquí está:

-algo preferible es digno de preferencia
-algo preferente es algo a lo que damos preferencia.

Y ya está. Esta entrada es cortita, pero insisto en que la diferencia no es grande. Aquí te dejo el enlace de la Fundéu para que lo compruebes. ¡Ah! Y lo mismo se aplica a los adverbios derivados de ambas: preferentemente y preferiblemente.