domingo, 12 de enero de 2014

Traducciones intersemióticas

Cuando oímos la palabra traductor sólo se nos viene a la cabeza ese personaje abstracto que, en pijama, se sienta delante de un ordenador y pasa un libro que está en -pongamos- inglés al -pongamos- español. Con un poco de suerte, habrá quien piense en esas personas que, escondidas en una cabina y ataviadas con unos auriculares, traducen simultáneamente el contenido de una conferencia: los intérpretes de toda la vida. Sin embargo, a veces nos olvidamos de que hay otras modalidades de traducción, algunas tal vez no tan evidentes.

Por ejemplo, existe la denominada 'traducción intersemiótica'. Es la que se da cuando pasamos una misma historia de un formato a otro. El paradigma sería la adaptación cinematográfica de un libro, pero también incluiría otras como poema-novela, película-obra de teatro, cómic-película... Y viceversa. Las combinaciones son infinitas.

El caso es que en torno a esta modalidad de traducción gira un trabajo que tengo que hacer para la asignatura de Lengua Española IV. Supongo que lo más fácil en mi caso es elegir la versión cinematográfica de un libro, sobre todo si tenemos en cuenta que leo todo lo que cae en mis manos y que mis visitas al cine prácticamente se limitan a ver las pelis de los libros que me he leído anteriormente. De hecho, ya he terminado la que tenía en mente y me ha gustado. No sólo porque la adaptación estaba a la altura de las circunstancias, sino también porque hay muchas cosas que comentar y, con un poco de suerte, me saldrá una presentación aceptable.


Sin embargo, no lo voy a desvelar todavía. Trabajaré en el tema y, sí, publicaré una entrada al respecto. De todos modos, deséame suerte. Y, por supuesto, feliz año nuevo.

martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

24 de diciembre, 18:00 h según escribo esto. Las preparaciones navideñas comienzan. Desde la cocina se oye ajetreo, y el árbol de Navidad que acabo de poner en el recibidor luce en todo su esplandor. Además, el móvil suena cada pocos segundos (¡cuántos deseos navideños me llegan ahora que tengo Whatsapp!) y el viento que sopla en la ventana parece menos incómodo que cualquier otro día.

Resulta que la magia de la Navidad empieza a ser más evidente y no puedo evitar sentirme un poco emocionado por lo que nos espera esta noche: reencuentros, regalos, villancicos, cantidades ingentes de comida... Todo ello en buena compañía y con una sola preocupación: no tirar la copa - tarea ardua, si tenemos en cuenta que en la mesa no quedará un centímetro libre.


Pues sí, el espíritu navideño me ha invadido (ya estaba tardando) y no pondré objeciones a que se manifieste, ya sea controlando la decoración, ayudando en la cocina, poniendo velas por toda la casa (espero que la cosa no acabe en incendio) y, como no, deseándote una feliz Navidad.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Weihnachten in Deutschland... Digo, Navidad en Alemania

Pues sí, no podía pasar por alto tan señaladas fechas y me veo obligado a hablar de la Navidad. Por un lado, porque son unos días muy importantes para mí. Por otro, porque los alemanes se vuelcan con estas fechas de una forma que los españoles no nos podemos ni imaginar.

Ya en septiembre comenzaron a verse las primeras decoraciones en los escaparates (bueno, de hecho hay una tienda sólo de adornos de Navidad que esta abierta todo el año, pero eso es otra cuestión). Era raro pasear bajo el cálido sol de finales de otoño y ver bolas de nieve colgando de las estanterías, pero lo cierto es que tenía cierto encanto. Y la magia crecía a medida que pasaba el tiempo: luces en las calles, árboles en las puertas de los hoteles, postales que nos deseaban un feliz 2014... El punto álgido llegó con el mercadillo navideño, una tradición alemana que hace que no sólo puedas sentir la Navidad: también la puedes ver, oír, oler y comer.

Pero eso no es todo. Los alemanes, muy educados y correctos ellos, comienzan a desearte unas felices fiestas casi en cada conversación. Los villancicos suenan de fondo en cada tienda. Los calendarios de adviento invaden las estanterías de tiendas y supermercados y, a grandes rasgos, tienes la impresión de estar viviendo en un cuento.

Y, lo mejor de todo, aprendes de una vez a decir 'feliz Navidad' en alemán sin tener que buscarlo en el diccionario...


Así pues... fröhliche Weihnachten!

domingo, 15 de diciembre de 2013

Traducir o no traducir... Ésa es la cuestión

En los últimos días me he dado cuenta de que en casi cada frase que digo se me cuela una palabra en alemán. Supongo que el hecho de llevar casi cinco meses viviendo en Deutschland (digo... Alemania) ha influido, así como el hecho de que todas las personas que me rodean están familiarizados con la parla germana. Sin embargo, eso me ha llevado a cuestionarme una serie de cosas... Por ejemplo, si no soy capaz de prescindir de las palabras en alemán en mi día a día, ¿cómo voy a poder traducirlas al español en un futuro, ya no muy lejano? ¿O a interpretarlas? Es cierto que muchas, por no decir todas, tienen un equivalente aceptable en castellano pero, ¿no se pierde así parte de ese algo que hace único a cada persona, a cada cosa? Y es que, como ya dije en su día, no siempre es imprescindible traducirlo todo...

Por ejemplo, hoy le he mandado un mensaje a un amigo. Le he dicho que iba 'a la mensa a comer un brunch'; ayer quedamos para 'tomar un Glühwein en el Weihnachtsmarkt' y mañana tengo que ir 'a la Hauptstrasse a comprar regalos'. Claro que podía haber dicho que 'voy a la calle principal', que podíamos haber quedado para 'tomar vino caliente en el mercadillo navideño' y que podía haber escrito 'comedor universitario' en lugar de 'mensa' (lo de brunch es más difícil de traducir) pero, insisto, no habría sido lo mismo.

Primero, porque el alemán en algunos casos, resulta una lengua muy económica (¡quién lo iba a decir!). Segundo, porque pierde parte de su autenticidad. Al fin y al cabo, te puedes topar con calles principales en todas partes, pero para encontrar una Hauptstrasse hay ir a Alemania (bueno, también a Austria o a la Suiza alemana). Y es cierto que los mercadillos navideños son cada vez más populares en España, pero para ver un Weihnachtsmarkt hay que cruzar la frontera. En cuanto al Glühwein... Diremos que el concepto de 'vino caliente' no puede ser asimilado por el español medio.


Y volvemos a lo de siempre. ¿Traducir o no traducir? Esta vez voy a mojarme y voy a confesar que, por muy purista del español que sea, y lo soy, tampoco quiero renunciar a seguir usando algunos términos en el idioma original (véase: alemán), sobre todo si mis interlocutores los entienden. Cuando tenga que dirigirme a un público que no esté inmerso en la vida en Alemania, ya veré lo que hago.

martes, 26 de noviembre de 2013

El italiano

No, no voy a hablar de chicos toscanos, lombardos ni sicilianos. Voy a hablar del idioma. Ya sé que actualmente resido en Alemania y mi prioridad debería ser el alemán, pero ya he analizado los entresijos de la parla germana y el destino ha querido darme la oportunidad de volver a hablar el italiano... y de recordar lo increíblemente bonito que me parece.

Desde la gramática -tan parecida y tan distinta de la español- al vocabulario -tan parecido y tan distinto del español-, todo lo mínimamente relacionado con este idioma ejerce sobre mí una especie de atracción incontrolable. Me encanta cómo suenan las dobles consonantes (por mucho que sean la principal fuente de errores del estudiante medio), las terminaciones casi exclusivamente vocálicas y el énfasis que parece haber detrás de cada palabra, por insustancial que sea. También me vuelve loco la música italiana, pero eso es otra cuestión...

Además, es una lengua fácil de estudiar y muy agradecida: a los pocos meses, un español puede mantener conversaciones coherentes sin demasiados errores. Muchas palabras son prácticamente iguales a sus equivalentes en castellano y, las que no lo son, al menos tienen una estructura vocal-consonante-vocal con la que los hispanohablantes estamos familiarizados. Ojo, no quiero decir que se pueda aprender italiano por ciencia infusa. Las conjugaciones verbales y las ya mencionadas dobles consonantes son una inagotable fuente de errores y, por mucho que el vocabulario sea similar, nunca vienen mal unas cuantas horas de estudio. Sí, dominarlo es otra cuestión.
Lo mejor de todo es que es una opinión que comparto con miles de personas que estudian la lengua de Dante. Cada ve son más los valientes que se pirran por la música, la comida o la cultura italiana, y que se lanzan al aprendizaje del italiano (por ejemplo, en mi clase había una chica que había empezado a estudiarlo por lo mucho que le entusiasmaba Eros Ramazzotti). Y supongo que, cuando algo le gusta tanto a tanta gente, será por algo.


Yo, por lo pronto, seguiré practicándolo siempre que me surja la oportunidad... Y últimamente me han surgido tantas que hasta me han preguntado si era italiano o sólo lo hablaba. Pero ahora es cuando me recuerdo que estoy aquí para aprender alemán, así que ti lascio per oggi, vado a studiare un po' di tedesco.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Música

Hace unos días reflexioné acerca de la música y de todo lo que nos puede hacer sentir. Aunque no soy especialmente melómano, llegué a la conclusión de que no podría vivir sin mi ipod y sin escuchar mis canciones favoritas de vez en cuando.

Sin embargo, mi pasión por la música se podría resumir en tres líneas, así que parece ser que esta entrada será cortita.

Un país que no existe
Una letra que no entiendo
Un grupo que no tiene nombre

martes, 5 de noviembre de 2013

La supervivencia de las becas Erasmus

Aunque hasta este momento he intentado ser totalmente imparcial en este blog (a veces tal vez demasiado), ahora el tema de las becas Erasmus está de rabiosa actualidad y sí que me gustaría aportar mi humilde opinión.

Resulta que, de todos es sabido, el Gobierno de España cuenta con poco dinero. Por ello, una de las soluciones que se les ha ocurrido para mejorar la situación es reducir la cuantía de las Becas Erasmus. Al fin y al cabo, los afortunados becarios ya perciben una pequeña cantidad de dinero procedente del fondo europeo y, según se comenta por ahí, vivir esta experiencia no es algo necesario, sino más bien un lujo o un capricho.

Supongo que ahí es cuando yo debería intervenir y reflejar mi opinión en este mi querido blog. Puedo llegar a entender la postura de los que defienden que el Erasmus es algo prescindible, pero también me veo en la obligación moral de compartir lo que estoy viviendo durante esta experiencia para que esa gente cambie su manera de pensar.

Desde que llegué a Alemania, el número de personas a las que he conocido es enorme y, de ellos, hay muchos que merecen la pena. Es gente con la que voy a clase, hago los deberes y las tareas domésticas, viajo y salgo de fiesta. Una vida similar a la que podría haber llevado en España pero con varias diferencias sustanciales: la primera, que muchas de estas personas proceden de otros países. Esto implica un enriquecimiento cultural indescriptible y la posibilidad de practicar uno (o más) de los idiomas extranjeros. Segundo, que las clases en Alemania, aunque distintas a las españolas, no son un regalo en absoluto: todos nosotros, por muy Erasmus que seamos, tenemos que asistir con regularidad, trabajar la materia, hacer los deberes y, llegado el caso, estudiar. Tercero: el hecho de que, como he leído en un blog de una compatriota que también está este año de Erasmus, todo esto es una inversión en educación: estas becas permiten formar a los estudiantes españoles en el extranjero, con lo que conocerán las costumbres, el modo de vida y el idioma del país en cuestión al mismo tiempo que continúan con su formación universitaria. Puede que algunas personas hayan salido de fiesta más de la cuenta o hayan estudiado menos de lo que deberían, pero ,desde mi experiencia personal, me cuesta creerlo.


Supongo que este tema ya ha sido muy trillado en los últimos días y no hay mucho más que pueda aportar. Por ello, para finalizar esta entrada sólo diré que, si de mí dependiera, ni las becas Erasmus ni ninguna parte de ellas desaparecerían.