domingo, 9 de febrero de 2014

La trilogía de la que habla todo el mundo

Creo que ha llegado el momento de reconocer que me he leído 50 sombras de Grey, el primer volumen de la saga promocionada como 'La trilogía de la que habla todo el mundo'.

No me da vergüenza admitirlo, la verdad. No pude resistir la tentación de leer un libro que inundaba los escaparates de todas las librerías y centros comerciales. Y, menos aún, uno que ya se habían terminado muchos amigos (mejor dicho, amigas) y del que me habían hablado bien - sí, lo digo en serio; las malas críticas llegaron más tarde. Por tanto, una vez que el volumen en cuestión abandonó uno de los ya mencionados escaparates y cayó en mis manos, decidí que lo terminaría. No quería perderme la oportunidad de ser parte del fenómeno editorial del momento.

Al respecto, únicamente me gustaría comentar dos cosas. En primer lugar, que es un libro escrito exclusivamente para gustar. O esa es la impresión que me ha dado. No hay profundas reflexiones, giros inesperados ni análisis exhaustivos de las personalidades de los personajes (aunque en este punto sí podríamos hablar, al menos, de 'intento'), pero está cargado de morbo, tiene un alto contenido sexual y se trata, a grandes rasgos, de una historia facilona y previsible con los ingredientes justos para agradar y que puede llegar a enganchar. No es mi caso: tardé más de un año en terminarlo... Pero lo conseguí.

En segundo lugar, que creo que la carta de presentación es cierta. Parece que 'todo el mundo' se ha leído al menos un libro de la trilogía y, evidentemente, hay situaciones en las que es el tema de conversación de todos. Supongo que, si no puedo sancionar a la compañía editora por dar información falsa, sí que puedo al menos criticar el hecho de que haya tenido que ser publicado un libro así, morboso y con numerosas escenas subidas de tono, para que 'todo el mundo' hable de literatura. En fin, algo es algo.


En realidad, esta entrada no es una crítica ni a la saga ni a la gente que se la ha leído. Considero que cualquier libro puede enriquecer al lector de mil maneras distintas y es una forma de descubrir nuevos mundos. Lo dejaremos en que me he leído libros mejores.

viernes, 31 de enero de 2014

Ese otro vacío en el pecho...

Hace tiempo, escribí acerca de esa sensación de vacío que sientes cuando terminas de leer un libro. Mucha gente opina que sólo otro libro puede llenar dicho vacío (tal vez por eso a mí me gustan tanto las sagas). Sin embargo, ahora la sensación es algo distinta.

Resulta que durante las vacaciones de Navidad comencé a leer Posdata: te quiero -sí, también comenté hace cosa de un año que estaba en mi lista desde que descubrí a su autora, Cecelia Ahern-. Lo malo es que no me dio tiempo a acabarlo (a decir verdad, sólo pude leer las 70 primeras páginas) y lo dejé en España, con todo el dolor de mi corazón, porque no había sitio en la maleta.

Y, claro, ahora tengo la necesidad de saber cómo continúa la historia.

Por suerte, este vacío en el pecho desaparecerá durante mi próxima visita. Además, mientras tanto, puedo probar suerte con alguno de los otros libros que tengo por aquí. Eso sí, cuando consiga echarle las manos encima y terminarlo, publicaré aquí mi opinión al respecto. De momento, sólo diré que espero que lo que me queda por leer esté a la altura de las primeras páginas.

jueves, 23 de enero de 2014

Catching fire (En llamas), la película

Sí, ya sé que soy un pesado con el tema de Los juegos del hambre; pero como es una saga que me gustó tanto, y puesto que he visto la película hace poco, me veo en la obligación moral de hablar al respecto.

La verdad es que salí del cine bastante satisfecho. La adaptación es más que aceptable y, como ya ocurrió con la primera película, no eres consciente de lo que se narra en el libro hasta que ves las imágenes, con lo cual es un requisito casi indispensable para los seguidores de la saga. Las interpretaciones son, desde mi inexperto punto de vista, bastante competentes y hasta la banda sonora ha estado a la altura. Todo esto en mi humilde opinión.

Sin embargo, me hizo gracia un comentario que escuché justo después de los créditos. “No me ha gustado mucho el final”. No soy quién para decir qué le tiene que gustar a la gente y qué no, pero supongo que en este caso resultaba un poco improcedente. Al fin y al cabo, se trataba de una adaptación y, si el libro terminaba así, el director no tenía otro remedio que ser fiel a él. O no... Podía haber escrito un guión totalmente distinto para satisfacer a los ajenos a este mundo y haber conseguido una película con otro final. En ese caso, tal vez estaríamos hablando de una mala adaptación, pero una grandísima peli (por cierto, chicos, el superlativo de 'grande' es 'máximo'; 'grandísimo' es la forma coloquial: no la utilicéis). Y, ¿qué es mejor? ¿El objetivo principal no debería ser una reproducción fiel al libro? ¿No es, al fin y al cabo, una traducción como cualquier otra? Yo soy feliz si la adaptación es buena, independientemente de que el final del libro me haya gustado más o menos, y si fuera director de cine, ése sería mi principal objetivo. Pero respeto otros puntos de vista.


¿Tú qué opinas?

domingo, 12 de enero de 2014

Traducciones intersemióticas

Cuando oímos la palabra traductor sólo se nos viene a la cabeza ese personaje abstracto que, en pijama, se sienta delante de un ordenador y pasa un libro que está en -pongamos- inglés al -pongamos- español. Con un poco de suerte, habrá quien piense en esas personas que, escondidas en una cabina y ataviadas con unos auriculares, traducen simultáneamente el contenido de una conferencia: los intérpretes de toda la vida. Sin embargo, a veces nos olvidamos de que hay otras modalidades de traducción, algunas tal vez no tan evidentes.

Por ejemplo, existe la denominada 'traducción intersemiótica'. Es la que se da cuando pasamos una misma historia de un formato a otro. El paradigma sería la adaptación cinematográfica de un libro, pero también incluiría otras como poema-novela, película-obra de teatro, cómic-película... Y viceversa. Las combinaciones son infinitas.

El caso es que en torno a esta modalidad de traducción gira un trabajo que tengo que hacer para la asignatura de Lengua Española IV. Supongo que lo más fácil en mi caso es elegir la versión cinematográfica de un libro, sobre todo si tenemos en cuenta que leo todo lo que cae en mis manos y que mis visitas al cine prácticamente se limitan a ver las pelis de los libros que me he leído anteriormente. De hecho, ya he terminado la que tenía en mente y me ha gustado. No sólo porque la adaptación estaba a la altura de las circunstancias, sino también porque hay muchas cosas que comentar y, con un poco de suerte, me saldrá una presentación aceptable.


Sin embargo, no lo voy a desvelar todavía. Trabajaré en el tema y, sí, publicaré una entrada al respecto. De todos modos, deséame suerte. Y, por supuesto, feliz año nuevo.

martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

24 de diciembre, 18:00 h según escribo esto. Las preparaciones navideñas comienzan. Desde la cocina se oye ajetreo, y el árbol de Navidad que acabo de poner en el recibidor luce en todo su esplandor. Además, el móvil suena cada pocos segundos (¡cuántos deseos navideños me llegan ahora que tengo Whatsapp!) y el viento que sopla en la ventana parece menos incómodo que cualquier otro día.

Resulta que la magia de la Navidad empieza a ser más evidente y no puedo evitar sentirme un poco emocionado por lo que nos espera esta noche: reencuentros, regalos, villancicos, cantidades ingentes de comida... Todo ello en buena compañía y con una sola preocupación: no tirar la copa - tarea ardua, si tenemos en cuenta que en la mesa no quedará un centímetro libre.


Pues sí, el espíritu navideño me ha invadido (ya estaba tardando) y no pondré objeciones a que se manifieste, ya sea controlando la decoración, ayudando en la cocina, poniendo velas por toda la casa (espero que la cosa no acabe en incendio) y, como no, deseándote una feliz Navidad.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Weihnachten in Deutschland... Digo, Navidad en Alemania

Pues sí, no podía pasar por alto tan señaladas fechas y me veo obligado a hablar de la Navidad. Por un lado, porque son unos días muy importantes para mí. Por otro, porque los alemanes se vuelcan con estas fechas de una forma que los españoles no nos podemos ni imaginar.

Ya en septiembre comenzaron a verse las primeras decoraciones en los escaparates (bueno, de hecho hay una tienda sólo de adornos de Navidad que esta abierta todo el año, pero eso es otra cuestión). Era raro pasear bajo el cálido sol de finales de otoño y ver bolas de nieve colgando de las estanterías, pero lo cierto es que tenía cierto encanto. Y la magia crecía a medida que pasaba el tiempo: luces en las calles, árboles en las puertas de los hoteles, postales que nos deseaban un feliz 2014... El punto álgido llegó con el mercadillo navideño, una tradición alemana que hace que no sólo puedas sentir la Navidad: también la puedes ver, oír, oler y comer.

Pero eso no es todo. Los alemanes, muy educados y correctos ellos, comienzan a desearte unas felices fiestas casi en cada conversación. Los villancicos suenan de fondo en cada tienda. Los calendarios de adviento invaden las estanterías de tiendas y supermercados y, a grandes rasgos, tienes la impresión de estar viviendo en un cuento.

Y, lo mejor de todo, aprendes de una vez a decir 'feliz Navidad' en alemán sin tener que buscarlo en el diccionario...


Así pues... fröhliche Weihnachten!

domingo, 15 de diciembre de 2013

Traducir o no traducir... Ésa es la cuestión

En los últimos días me he dado cuenta de que en casi cada frase que digo se me cuela una palabra en alemán. Supongo que el hecho de llevar casi cinco meses viviendo en Deutschland (digo... Alemania) ha influido, así como el hecho de que todas las personas que me rodean están familiarizados con la parla germana. Sin embargo, eso me ha llevado a cuestionarme una serie de cosas... Por ejemplo, si no soy capaz de prescindir de las palabras en alemán en mi día a día, ¿cómo voy a poder traducirlas al español en un futuro, ya no muy lejano? ¿O a interpretarlas? Es cierto que muchas, por no decir todas, tienen un equivalente aceptable en castellano pero, ¿no se pierde así parte de ese algo que hace único a cada persona, a cada cosa? Y es que, como ya dije en su día, no siempre es imprescindible traducirlo todo...

Por ejemplo, hoy le he mandado un mensaje a un amigo. Le he dicho que iba 'a la mensa a comer un brunch'; ayer quedamos para 'tomar un Glühwein en el Weihnachtsmarkt' y mañana tengo que ir 'a la Hauptstrasse a comprar regalos'. Claro que podía haber dicho que 'voy a la calle principal', que podíamos haber quedado para 'tomar vino caliente en el mercadillo navideño' y que podía haber escrito 'comedor universitario' en lugar de 'mensa' (lo de brunch es más difícil de traducir) pero, insisto, no habría sido lo mismo.

Primero, porque el alemán en algunos casos, resulta una lengua muy económica (¡quién lo iba a decir!). Segundo, porque pierde parte de su autenticidad. Al fin y al cabo, te puedes topar con calles principales en todas partes, pero para encontrar una Hauptstrasse hay ir a Alemania (bueno, también a Austria o a la Suiza alemana). Y es cierto que los mercadillos navideños son cada vez más populares en España, pero para ver un Weihnachtsmarkt hay que cruzar la frontera. En cuanto al Glühwein... Diremos que el concepto de 'vino caliente' no puede ser asimilado por el español medio.


Y volvemos a lo de siempre. ¿Traducir o no traducir? Esta vez voy a mojarme y voy a confesar que, por muy purista del español que sea, y lo soy, tampoco quiero renunciar a seguir usando algunos términos en el idioma original (véase: alemán), sobre todo si mis interlocutores los entienden. Cuando tenga que dirigirme a un público que no esté inmerso en la vida en Alemania, ya veré lo que hago.